Traslada la risa y la rabia, voy
caminando “despasirápido” por el camino, voy inventando palabras
y desafiando al destino.
Cae en la cabeza, la sensación
arrogante de las miradas latentes, algunas más que otras, siempre
impotentes, algunas navegan fervientes buscando lo banal y muy
interesante.
Dispárame ahora, es hoy el momento, no
temo a temerte, a morir, a moverme, porque soy alma y energía, soy
más que cuerpo en esta vida y del arte hago mi guía, lo que
controla la agonía.
¿Loca?, no, no estoy loca, no merezco
tan sublime palabra, no tengo aquella virtud de la demencia que me
acompañe a todas partes. Partes, esas que no existen, las que
fabrico en mi universo, uniendo así con cada verso las diferentes
fases de una sustancia.
Y el instante mismo es una danza,
hermoso baile de la ternura, abro los ojos cuando se enciende la luna
que consta de palidez incesante.
Tantas ganas de desnudarme, arrancarme
la ropa y vestirme de arte, bañarme en la lluvia, botar los
diamantes, solo conservando la calma. Observando el cuadro mustio y
certero de un ser que vive en una jaula capitalista fuera de su
habitad silvestre.
Ya no quiero atenerme, ya no quiero
despreciarme, ya no quiero morir o matar a alguien, porque elegí
vivir, ¿que más podemos hacer en estas amorfas circunstancias?, y
tal vez de esa forma algún día llegue a estar completamente loca,
desenfocada, delirante, ahogada, porque la locura es el misterio
favorito, el deseo que mi ser pide a gritos y aunque la vida sea de
tonos desafiantes, en la locura no existe un final para el arte.
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