Extrañeza, fiebre temprana de
primaveras malgastadas,
sonidos metálicos calle abajo, la luz
se extiende como cenizas,
es la fatiga, los pies sangrantes y la
plástica sonrisa.
Me voy, caminante solitario,
me voy porque no hay tiempo ni
horarios,
la vida se disfraza y ataca por la
espalda,
los ciegos se hacen mudos y el silencio
suena con ansias.
Ganas de recorrerte, de robar tu
mirada,
que me retrates de un mordisco la
polera y la falda,
ganas de poesía libre como el alma,
verde tormento que vacío en mil
palabras.
Tentativa verdad alzándose con ansias,
maquillaje esparcido por pieles
enfriadas,
me levanto de todo, se despeja la calma
que vibrante va soplando la escena
manipulada.
No se quitan, las angustias no se
alejan,
el sol hará explosión en la fatiga de
mi lepra,
cansada de nada, caminante sin destino,
despojándose de todo hasta llegar al
olvido.
No hay razón para que aceptes las
ridículas disculpas,
tragar cuchillos y vomitar excusas,
aguanta el golpe, la bofetada viniendo
de vuelta,
párate firme y ríete de su grandeza.
Como la voladora tragándose sus
vísceras,
trágate la vergüenza que aquí no hay
cabida
para arrepentimientos oportunos
que aunque son precisos van de bajo
presupuesto.
